

Jardín de sombras
Apofis y el Dragón es el poema insigne de la obra Apofis y el Dragón, y otros poemas épicos. Su epopeya comienza en los fulgores del Edén, atravesando la pérdida de la inocencia y sus efectos devastadores en los personajes del relato. El personaje central, a través de cuyos ojos el mundo brilla y se derruye, es Apofis, la serpiente que se debate entre el mutuo idilio con Eva, y el deseo de propia grandeza. ¿Podemos herir sobremanera al ser amado? ¿Cuál es la voz que ruge íntima, que podría volvernos destructores de nuestro mundo? ¿Hay alguna redención posible luego de tal crimen?
Este fragmento del poema se comprende mejor en su contexto específico de la narración. No obstante, las siguientes estrofas escogidas pueden disfrutarse también en forma aislada. Eva y Apofis se encuentran cara a cara. No hablan el mismo idioma, pero sus espíritus quedan ligados a fuerza de versos. Eva no teme revelarle a Apofis cuán veladamente solitaria es para ella la vida en el Paraíso.

(…)
VIII.
Replicó entonces Eva, cautiva su curiosidad
de aquella mirada plena en enigmas:
“¿Quién eres tú que tan solícito me miras
desde aquellos ojos que arden con el ocaso?
Magnífica criatura, juraría hoy, encubiertamente,
que hallado has la velada puerta que conduce
a ese jardín secreto, amado por las sombras.
Adéntrate en aquel otro silencioso huerto,
donde Selene no atrevióse a posar confiadamente
las delicadas plantas de sus pies blanquecinos.
Allí no laten los corazones de los vivos;
no burbujea la sangre imitando la voz del arroyo.
Dos árboles gallardos tiene mi huerto,
y cuatro ríos sigilosos que nacen del mismo espumoso seno.
¡Ah! ¡Pero allí no aúllan los lobos
a la Luna que apenas se asoma!
Muchos cedros tiene mi huerto,
cipreses elegantes, sonrientes manzanos.
Mas no se agolpan los pinzones sobre sus ramas torcidas,
ni se oye del petirrojo el dulce llamado.
¡Cómo crece allí la vida muda, no lo sé!
Cómo emergen de la tierra
quienes custodian mis soledades.
¿Has visto a la pequeña moza, en paseo sin escolta,
vacilantes sus pies que avanzan, rodeada de penumbra?
A tientas marcha, ¡ay!, hacia el corazón de la negrura.
Sereno recibe Pisón[1]sus labios sedientos,
y colma su paladar con aguas cristalinas.
Mas ningún pececillo la observa
admirado desde las tierras submarinas.
Le parece oír —¡allí tan arriba!—
cien venturosas golondrinas.
Sólo el viento es, que se zambulle
en las hondonadas entre nubes oscuras.
Suerte echada, canta su esperanza
hacia las distantes colinas,
que desde su formidable asiento
no devuelven el eco que merece su trova.
¡Oh, este es mi mundo: un palacio vacío!
¡Un yermo ataviado de adornos de silencio!
Dime, tú cuyos ojos inquieren mi verdad acallada:
¿has visto a la niña, a la niña desdichada?
Juraría hoy, juraría secretamente:
has visto mi alma vagar por el huerto de sombras.”
IX.
Bebí sus palabras cual si fueran
el postrer clamor del mundo
antes de sumirse en un siglo de silencio,
cual extenuado peregrino al arribar a la sagrada fuente
que feliz sonríe en el seno del oasis inexplicable.
Y aun sobre la cima del bien, convulso el espíritu
trágicos versos dio de sí, el gozo deplorando.
“En nocturno trance he visto tu largo cabello flamear
entre los crujientes troncos que reverencian tu hermosura.
Tu silueta errante no ha perdido su delicado contorno,
fantasmal imagen que flota sobre un mar de brumas.
Sintió Lilith[2]el chasquido de las hojas quebrándose a tu paso;
en tu presencia cesó el farfullar de su séquito de espectros.
¡Oh, si tan sólo jamás tus deleites hubiera conocido!”
[1] Según el relato del Génesis, uno de los cuatro ríos de Edén.
[2] Personaje demoníaco del folclor hebreo.